AÑO 2016
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Aspectos centrales
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San Martín, el Gran Estratega Político y Militar
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¿Por Qué Recordar a Una Figura Histórica del Siglo XIX en el Siglo XXI?
A Propósito del Gral. José De San Martín
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José de San Martín y Simón Bolívar
Libertadores Latinoamericanos
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Acerca de la Justiciapor Silvia Baffigi9 de agosto de 2016más información...

Contra la Nación y sus Juristas
Memoria, Verdad y Justicia
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Martino
Deforestación e Inundaciones
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Allen: Ciudad Destinada al  Sacrificio
Peras, Manzanas, Gas y Petróleo
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Conductas Paralelaspor Félix HerreroAbogado y Lic. en Economía28 de Julio de 2016más información...

Cambiamos de Prioridades Externaspor Francisco J. CantamuttoDoctor en Investigación en Ciencias Sociales, mención en Sociología (FLACSO México)27 de Julio de 2016más información...

Energía
Prioridad Máxima
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Argentina en la Alianza del Pacífico
Algunas consideraciones
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Acampe por el Bicentenario de la Verdadera Independenciapor Patricia MachadoComunera MC19 de Julio de 2016más información...

Tarifazo
La Salida No Es Individual, Es Un Trabajo Colectivo
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40 Años
La Misma Necesidad de Liberación
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Julián PilattiAcá no se rinde nadie
La necesidad de un gran frente popular para derrotar al macrismo
por Julián PilattiEstudiante de periodismo de la Universidad Nacional de La Plata 23 de noviembre de 2016 ¿Por qué estamos en política? Esa palabra tan desvirtuada, manchada por los que nunca tuvieron reales deseos de hacer feliz al pueblo. Esa palabra que a veces hasta a nosotros mismos nos cuesta decirla, hacerla un orgullo.Estamos en política porque esta es la única forma de cambiar las cosas, estamos en política porque queremos cambiar nuestra realidad.De todas formas es muy importante comprender que la política no se limita a tener un puesto institucional. Si fuera solo eso, entonces sí podríamos empezar a aceptar ese discurso social generalizado que dice que “Los políticos son todos iguales”. La política es mucho más que eso. Mientras más se comprenda que lo estratégico pasa por generar organización popular, más rápido lograremos una victoria como pueblo. El neoliberalismo contraataca Cuando el neoliberalismo vuelve a gobernar desde sus propios dueños, la realidad para los pueblos vuelve a hacerse insoportable. El desempleo aumenta, así como la pobreza, el hambre, las enfermedades y la violencia social. En tan solo unos meses, el nuevo gobierno de derecha de la Alianza Cambiemos está queriendo desechar todas las conquistas sociales que hemos conseguido en los últimos años. Sus políticas de ajuste, de despidos y endeudamiento solo tienen sentido si se comprende que de esta manera el gobierno busca disciplinar al pueblo y sumirlo en un estado de desesperanza. Sus medidas económicas son en realidad estrategias que buscan afectar la moral de la sociedad. Se aplican para que ganen más los ricos, pero también para que las clases medias no sigan ascendiendo y exijan más derechos. Así como para que los pobres –que son la mayoría- sigan siendo un sector invisibilizado. La perversidad de la derecha es real y hoy se vive en carne propia.Y a muchos en este contexto donde las injusticias se triplican, nos nace la pregunta fundamental de “¿Por qué luchamos?”. Casi como una necesidad de volver a la fuente, al fuego que nos trajo hasta acá, a reafirmar las bases que quizás creíamos consolidadas, pero que al revisarlas nos dimos cuenta que las teníamos débiles, con la posibilidad de ser quebradas. Cuando la lógica de la lucha pasa del avance a solo la resistencia, la militancia se vuelve distinta y también se vuelven distinto todo este conjunto de organizaciones sociales y populares que podríamos llamar “Campo popular”. Es por eso que hoy nos encontramos en un tiempo de poca claridad, sin muchos horizontes visibles, con la confusión permanente de no saber quién puede ser un posible aliado y quién un adversario político. Lo único claro es el enemigo De todas formas, lo que sí está más que claro es quién es el enemigo. Si dudamos que el macrismo no viene por todo y que busca transformar completamente la Argentina –como ya los proyectos neoliberales del golpe militar en el 76 y de Menem en los 90´ iniciaron- estamos perdidos como pueblo. Y ante estas pequeñas definiciones, todo ese Campo popular debería empezar ya a imponer su propio poder (otra palabra también controvertida). Porque necesitamos poder para vencer a la derecha, que tiene y mucho. Sin poder seguiremos siendo simplemente soñadores, ya que la victoria del pueblo vendrá de los sueños pero también de las victorias concretas, en la vida real.Pero ese poder no se conseguirá solamente desde puestos políticos en los Concejo Deliberantes, Diputados, Senadores o incluso desde las conquistas de gobiernos. El poder real, el que nos permitirá avanzar hacia la Justicia Social y los cambios estructurales que necesita nuestro país, solo se construye desde el pueblo. El Poder Popular: La organización de la gente de a pie, la militancia y la conciencia viva de los sectores más humildes. Lo que alguna vez emergió desde el movimiento peronista, lo que experimentó la izquierda que salió de los piquetes durante la crisis de gobernabilidad,  lo que hoy miles de compañeros y compañeras intentan en los barrios, en las escuelas, en los campos y en la calles.Hoy no tenemos un poder popular que pueda llegar a ser hegemónico y que conduzca a la derrota de la derecha y el ascenso de nuestra clase. La experiencia del kirchnerismo nos enseñó que lo que parecía fuerte se puede desmoronar, y que intentar lograr la justicia social sin una distribución de la riqueza real, es pan para hoy y hambre para mañana.Pero el contexto social y político que ya ha comenzado lo hace más posible de conseguir. Cuando la miseria vuelve a ser el rostro común de nuestros pibes y pibas, cuando el desprecio hacia la gente por parte de los que gobiernan se hace moneda corriente, cuando la represión sea la única salida y respuesta de calmar nuestros reclamos, los debates de ese Campo popular tendrán que pasar pura y exclusivamente por la necesidad de unidad. Sin unidad no hay poder popular y sin poder popular no construiremos nuestra propia fuerza para derrotar a un sector que sí espera unido y organizado. El 2017, una oportunidad popular El 2016 está por terminar. Después de haber pasado un año completamente convulsionado por el shock neoliberal que desató el macrismo, el 2017 se muestra como una oportunidad para poner un freno concreto al gobierno desde las urnas. El escenario político, sin embargo, no será nada fácil. Las medidas del oficialismo pueden haber sumido en la pobreza a más de un millón de personas en un año, pero eso no limitará su capacidad de voto. El problema es que las oposiciones más fuerte actualmente parecieran ser proyectos similares a Cambiemos, como puede ser el partido de Sergio Massa o la conducción conservadora del PJ. Es decir, hasta ahora el descontento o la crítica del pueblo hacia el gobierno nacional no se acumula desde expresiones políticas completamente distintas, sino desde espacios que hasta incluso hoy están co gobernando con Cambiemos.Cómo construimos una alternativa al macrismo y sus aliados, cómo avanzamos hacia un poder real que nos permita protagonizar cambios estructurales en nuestro país y cómo logramos una unidad sólida del campo popular para alcanzar estos objetivos.Estas son las consignas principales que tenemos que empezar a discutir de inmediato. Sin prisa, pero sin pausa. Haciéndolo mientras se lucha, porque la militancia es práxis fundamentalmente, porque las teorías se reformulan cuando se patea la calle. Equivocándonos, cayéndose y volviéndose a levantar. Una y mil veces. Hasta la victoria final.

LUCHA Y ESPERANZApor Julián PilattiEstudiante de periodismo de la Universidad Nacional de La Plata 8 de enero de 2017Asunción de Cámpora el 25 de mayo de 1973. Foto de Néstor García Mántica, desaparecido en Mar del Plata el 13 de julio de 1977 en la "Noche de las corbatas".Ahora siento esperanza por un mundo mejor. Ahora mismo, porque estoy contagiado de los ejemplos que siempre hay que volver a mirar para imitarlos. Los ejemplos de Cuba, del Chile de Allende, de la Venezuela de Chávez, de la Bolivia de Evo, de nuestras generaciones revolucionarias en Argentina.Esa confianza, moviliza. Nos saca de lo que somos: Seres humanos débiles, llenos de temores y contradicciones. Nos moviliza hacia una evolución, la del hombre y la mujer nueva. Esa esperanza nos llena el alma, nos energiza, nos quita los miedos que nos paralizan y nos echan a andar por el camino de la historia. Y ahí descubrimos que no estamos solos. Que otros y otras lo intentaron por los siglos, que muchos y muchas triunfaron, que no es imposible convertir a esta tierra en un lugar con más dignidad, justicia social y paz.Es bueno estar conscientes de los problemas actuales, pero a eso se lo debe acompañar con el entusiasmo de nuestras victorias. De lo contrario solo seremos militantes avasallados por las dificultades y sufrimientos diarios. No, la lucha no es solo padecimiento, la lucha debe ser el motor que nos guíe hacia algo mejor. Por eso insisto, el motor de la lucha es la esperanza. Es lo que ha contagiado al pueblo para involucrarse en su propia emancipación, es lo que nos da alas a los que nos sentimos desbordados o desmoralizados ante nuevas derrotas.Asunción de Cámpora el 25 de mayo de 1973. Foto de Néstor García Mántica.Hay que animarse a creer en un futuro distinto aunque ahora mismo nos veamos enterrados en un pantano de injusticias. Y a esa esperanza hay que alimentarla día a día aunque nos llamen locos: Imitemos a Cuba, al ejemplo del Che y de Fidel, tratemos de copiar los gestos de aquellos seres humanos que no se doblegaron en las peores situaciones y terminaron triunfando.Hoy la Argentina y también América Latina está atravesando una nueva noche neoliberal, donde los derechos de las personas son suplantadas por las ganancias de los más poderosos. Pero es precisamente ahora cuando nos tenemos que probar como pueblo, porque son en las crisis cuando se forjan las conciencias, cuando crecemos en espíritu, cuando salimos a las calles aunque haga frio o calor y nos plantamos contra los que nos quieren robar los sueños. Es ahora cuando nosotros, en el peor momento, salimos a creer en un mundo mejor. Aunque no parezca coherente a este contexto histórico, aunque nos tilden de soñadores. Porque nuestro país y el mundo conquistarán la igualdad y prosperidad algún día, eso lo sabemos. Nuestra lucha determinará si eso suceda hoy o mañana.Una multitud se dirije a Ezeiza a recibir al general Perón el 20 de junio de 1973. Foto de Néstor García Mántica.Es cierto que no son tiempos para avanzar como pueblo, sino para resistir. Nos pueden quitar derechos, pero cuando nos quitan la esperanza nos entregamos a la resignación, que es como una muerte en vida. ¡No caigamos en la resignación! ¡No creamos que todo está perdido!Nuestro pueblo ha atravesado momentos mucho más adversos que el de estos días: Nos tocó sobrevivir a una dictadura genocida, tuvimos que aguantar el hambre y la miseria durante los 90´, y nos encontramos en las calles durante todo este tiempo para defender las pequeñas victorias, pero también para despertarnos de que todavía no todo estaba hecho, que para ser un país verdaderamente soberano y justo faltaba demasiado.Asunción de Cámpora el 25 de mayo de 1973. Foto de Néstor García Mántica.Ahora cuando los enemigos de nuestra clase avanzan, tenemos que dejar las diferencias de lado y prepararnos juntos. Ahora es cuando tenemos que hacer real la unidad tantas veces nombrada. Ahora es cuando nos arriesgamos a proyectar una Argentina mejor, y nos arriesgamos haciéndolo a pesar de las contradicciones, de los avances y retrocesos, de los duros debates que podamos tener al interior de nuestras fuerzas.A esa esperanza hay que convertirla en algo vivo, en algo que se pueda traslucir y expandir por todo el pueblo. Nuestro país ha tenido revoluciones inconclusas, así como todo el continente aún tiene una segunda independencia sin concretar. Somos los hijos y las hijas de San Martín, de Bolívar, pero también de todos los ejemplos contemporáneos que después continuaron sus luchas. Nos toca a nosotros y nosotras ahora seguir este camino.Porque sabemos que antes de amanecer oscurece, porque sabemos que este pueblo nunca se rindió.Asunción de Cámpora el 25 de mayo de 1973. Foto de Néstor García Mántica.En estos días tan desoladores nos animamos a soñar que la victoria llegará, más temprano que tarde. ¡Venceremos!

Marzo
El mes que nos marca el camino
por Julián PilatiEstudiante de periodismo de la Universidad Nacional de La Plata 2 de abril de 2017 Cada día que pasa bajo este gobierno nos representa dolor y deseos de cambio. Cómo logramos conformar un nuevo bloque histórico que construya un futuro gobierno popular, realmente emancipador. Más de doscientos años de idas y venidas, de avances y retrocesos, de sucesiones de gobiernos conservadores-anti populares y de gobiernos progresistas con el apoyo de los sectores más humildes, han construido el país que hoy tenemos. Pero nunca, nunca hasta ahora, hemos tenido un proceso político de transformación real. Por supuesto, un objetivo nada fácil cuando contextualizamos nuestro tiempo, nuestra tierra, nuestra cultura política. Nada fácil porque eso significa una revolución –armada o no, pero revolución al fin- que pueda modificar las estructuras económicas y sociales del país. Pero nadie podría decir que ese cambio real es innecesario. Ya que sin una verdadera transformación social en Argentina, la miseria y la pobreza planificada será una cuestión sistémica, que volverá una y otra vez a lo largo del tiempo. Si realmente se quiere cambiar la desigualdad social que condena a una realidad de enriquecimiento obsceno por parte de un pequeño grupo de personas, mientras se empobrecen millones, el único horizonte debe ser la emancipación, la revolución, la transformación real. La encrucijada de nuestro tiempo Ahora, lejos estábamos de lograrlo antes y mucho menos estamos en condiciones de concretarlo actualmente, con el gobierno neoliberal de Macri. Sumándole a un contexto internacional de avanzada conservadora y en una situación compleja en América Latina, con el desgaste de los gobiernos populares y el ascenso de las viejas derechas. ¿Cuál es nuestra esperanza, nuestra salida, nuestro motor, entonces? Una y otra vez, la única herramienta que tenemos para empezar a torcer la mano que nos quiere derrotar, es la lucha en la calle, en unidad y organización. Hoy nos vemos más seguido entre aquellos espacios políticos que hace solo meses podíamos hasta definirnos como de veredas contrarias. Frente al retroceso constante que impone un Estado a manos de las corporaciones, la unidad se visibiliza más clara, a pesar de las todavía grandes diferencias entre el Campo Popular. Prueba de esto se ha consolidado en este mes particular, donde las organizaciones sociales y políticas apoyamos paros docentes, de estatales y de trabajadores, así como también de las mujeres, presionamos para que la CGT decretara un paro general y también dijimos una vez más: “30 mil compañeros y compañeras Presentes”. Marzo deberá de ser desde ahora un molde para seguir articulando las luchas. El papel de las organizaciones populares ¿Pero cómo logramos que esa Unidad deje de ser una estrategia momentánea, coyuntural, para que pase a ser una lógica del pueblo en vías de su liberación? Ya que la historia nos muestra, que las intenciones de una élite por querer dominar al pueblo no se detendrán incluso después de Macri. Frente a esto, sería inútil realmente, que parte del kirchnerismo sólo encuentre reparo y conducción en Cristina Fernández de Kirchner, sin reconocer una nueva etapa política.  De la misma forma, sería angustiante que sectores del Campo Popular integren viejas estructuras partidarias, de las cuales la historia nos ha demostrado que siempre jugaron un papel de estabilidad, pero no de Justicia Social real. Como también sería sin dudas un error que grandes sectores de la izquierda e izquierda popular continúen aisladas, separadas unas de sí, con un gran potencial de organización pero sin una mirada de poder. Vamos tan solo un año y medio de macrismo, aunque sin dudas cada día nos represente una terrible indignación. Sin embargo, el Campo Popular debería tener solo en mente la Unidad, ya que ese proceso también constituye un desgaste de este gobierno anti popular. De lo contrario, pensar solo en el desgaste llevaría a una actitud exclusivamente desestabilizadora, que en caso de concretarse, dejaría un vacío de gobernabilidad que hoy no está garantizada por nuestro bloque político. Peor aún, pensar solo en debilitar al gobierno nacional podría legitimar mayor represión y hasta el fortalecimiento de las derechas (Léase macrismo o massismo). Se trata de pasar estos duros cuatro años fortaleciendo la Unidad y la Organización del pueblo, para poder volver a conducir el Estado desde un gobierno realmente popular y realmente transformador. Algo que hoy vemos lejano, pero que los destinos de la historia y de nuestra propia fuerza política pueden hacer realidad.

SI SOMOS LIBRES, TODO NOS SOBRA